¿Y si…? Cuando pensar en todos los escenarios no te da más control
Actualizado: 11 ago
Hay situaciones que todavía no han ocurrido y, sin embargo, ya les has dado mil vueltas.
Una conversación que tienes pendiente.
Una reunión importante.
Una decisión que tienes que tomar.
Una respuesta que estás esperando.
Y empieza el conocido:
¿Y si…?
¿Y si ocurre esto?
¿Y si responde aquello?
¿Y si sale mal?
¿Y si no sé qué decir?
Entonces piensas qué harías.
Y después qué podrías hacer si ocurre otra cosa.
Y después otra.
Hasta que, de alguna manera, sientes que has recorrido mentalmente todas las posibilidades.
Porque cuanto más hayas previsto, más preparado estarás.
Y cuanto más preparado estés, más control tendrás sobre la situación.
Al menos, eso parece.
Pero hay algo que quizá no te hayas planteado:
¿Qué precio estás pagando por intentar tenerlo todo bajo control?
¿Qué hay detrás de esta necesidad?
Necesitar tenerlo todo bajo control no significa necesariamente que seas una persona controladora.
Muchas veces significa que hay situaciones que te cuesta mucho no saber cómo van a terminar.
No saber qué va a ocurrir.
No saber cómo reaccionará alguien.
No saber si algo saldrá bien.
Y, ante esa incertidumbre, tu cabeza empieza a buscar respuestas.
Porque pensar parece útil.
Analizar parece útil.
Prever parece útil.
Si consigo imaginar lo que puede pasar, podré prepararme.
Si estoy preparado, nada podrá pillarme desprevenido.
Y así, casi sin darte cuenta, conviertes tu cabeza en una especie de sala de control desde la que intentas anticipar todo lo que puede suceder.
El problema es que la vida no funciona con un número limitado de escenarios.
Siempre puede aparecer uno más.
Cuando preparar deja de ser suficiente
Prepararte para una situación puede ser útil.
Pensar qué necesitas.
Organizarte.
Valorar opciones.
Tener en cuenta lo que razonablemente puede ocurrir.
Todo eso puede ayudarte.
El problema aparece cuando ya no estás preparando lo que puedes hacer.
Estás intentando preverlo todo.
Porque siempre queda una posibilidad que no has contemplado.
Y entonces aparece otro:
¿Y si…?
Y vuelves a pensar.
Y vuelves a analizar.
Y vuelves a imaginar.
Hasta que aquello que empezó como una forma de prepararte se convierte en una búsqueda interminable de control.
Porque, por mucho que pienses, nunca puedes llegar a conocer todas las posibilidades.
Pensar en lo que podría pasar también te hace sentir
Y aquí hay algo importante que solemos pasar por alto.
Cuando imaginas una situación futura, no solo estás pensando en ella.
También puedes estar experimentando emocionalmente aquello que imaginas.
Piensa en una conversación que temes tener.
Todavía no ha ocurrido.
Pero imaginas que la otra persona se enfada.
Y sientes tensión.
Imaginas que no sabes qué responder.
Y aparece inseguridad.
Imaginas que la conversación termina mal.
Y sientes angustia.
La situación sigue sin haber ocurrido.
Pero tu experiencia ya ha empezado.
Lo que pienso, siento. Pienso en algo agradable, me siento bien. Pienso en algo desagradable, me siento mal.
Y cuanto más escenarios desagradables construyes, más emociones desagradables puedes estar viviendo en el presente.
Estás intentando controlar el futuro… pero también estás sintiendo su peso hoy
Imagina que tienes que afrontar algo dentro de tres días.
Tienes tres días por delante.
Pero durante esos tres días tu cabeza ya ha recorrido todos los caminos posibles.
Has imaginado lo que podría ocurrir.
Has pensado cómo responderías.
Has anticipado cómo te sentirías.
Incluso has sufrido por cosas que finalmente quizá nunca ocurran.
Y entonces llega el día.
La situación sucede.
Y si es desagradable, la sientes.
Porque haberla imaginado antes no hace que deje de afectarte cuando ocurre realmente.
Si tienes miedo, sentirás miedo.
Si algo te duele, te dolerá.
Si una respuesta te decepciona, sentirás la decepción.
Entonces merece la pena detenerse un momento y preguntarse:
Si voy a sentirlo cuando ocurra de todos modos, ¿para qué necesitaba sentirlo también antes?
El control que estabas buscando no llega
Quizá una de las cosas más agotadoras de este mecanismo es que nunca parece suficiente.
Piensas en un escenario.
Pero aparece otro.
Lo resuelves mentalmente.
Pero entonces surge un "¿y si...?" diferente.
Y vuelves a empezar.
Porque tu cabeza está buscando algo que no puede garantizarte:
la certeza de que nada te va a hacer sentir mal.
Y esa certeza no existe.
Puedes pensar en diez escenarios.
O en cien.
Siempre habrá algo que no hayas previsto.
Una respuesta inesperada.
Un cambio de planes.
Una reacción diferente.
Algo que simplemente no estaba en tu lista.
Y entonces descubres algo importante:
haberlo pensado todo no significa que tengas la situación bajo control.
Entonces, ¿qué estabas intentando controlar realmente?
Quizá esta sea la pregunta más importante de todo el artículo.
Porque cuando analizas una y otra vez una situación futura, parece que estás intentando controlar lo que va a ocurrir.
Pero si miras un poco más de cerca, quizá descubras que estás intentando controlar algo diferente:
cómo te vas a sentir cuando ocurra.
Quieres evitar la sorpresa.
La incertidumbre.
El miedo.
La decepción.
La sensación de no saber qué hacer.
Y, sin darte cuenta, has convertido el pensamiento en una forma de protección.
"Si lo pienso antes, estaré preparado."
"Si contemplo todas las posibilidades, no me pillará desprevenido."
"Si sé qué hacer ante cada escenario, podré manejarlo."
Y quizá por eso sea tan difícil dejar de hacerlo.
Porque, desde dentro, parece que estás haciendo algo para ayudarte.
Tres pinceladas para empezar a mirarlo de otra manera
1. Diferencia entre prepararte y anticipar
Prepararte es pensar en aquello que puedes hacer.
Anticipar es intentar resolver mentalmente todo aquello que podría suceder.
La primera puede ser útil.
La segunda puede convertirse en un bucle.
La próxima vez que lleves mucho tiempo dando vueltas a una situación, prueba a preguntarte:
¿Estoy preparando lo que puedo hacer o intentando asegurarme de que nada salga mal?
2. Observa cuándo empiezas a sentir lo que todavía no ha ocurrido
No necesitas intentar detener tus pensamientos.
Solo observa.
La situación todavía no ha ocurrido.
Pero tú ya estás sintiendo algo relacionado con ella.
Miedo.
Tensión.
Tristeza.
Enfado.
Preocupación.
Y quizá puedas preguntarte:
¿Estoy viviendo ahora algo que pertenece al futuro?
3. Mira hacia atrás
Piensa en algunas de las situaciones que más te han preocupado antes de que ocurrieran.
¿Cuántas sucedieron exactamente como las habías imaginado?
¿Cuántas de tus previsiones se cumplieron?
¿Cuántas veces apareció algo completamente diferente?
Y hay una pregunta todavía más importante:
¿Las afrontaste porque habías previsto todos los escenarios o porque, cuando llegaron, fuiste capaz de responder?
Quizá ahí encuentres una respuesta que llevas mucho tiempo buscando.
No necesitas controlar todos los escenarios para poder afrontar lo que ocurra
Es posible que hayas pasado mucho tiempo creyendo que pensar más te prepara mejor.
Que cuanto más hayas previsto, menos te afectará.
Pero quizá la preparación que necesitas no sea conocer de antemano todas las respuestas.
Porque no puedes saberlas.
La vida siempre puede plantearte algo que no habías imaginado.
Y eso no significa que estés indefenso.
Significa que tendrás que responder a algo que no conocías.
Como has hecho muchas otras veces.
Porque si miras hacia atrás, probablemente descubras que las situaciones difíciles de tu vida no las superaste porque hubieras conseguido preverlas todas.
Las superaste porque, cuando llegaron, encontraste la manera de afrontarlas.
Quizá no necesitas tener todos los escenarios controlados.
Quizá necesitas descubrir que puedes afrontar incluso aquellos que no habías previsto.
¿Y si pudieras dejar de necesitar tenerlo todo bajo control?
Si te has reconocido en este artículo, quizá no se trate simplemente de que piensas demasiado.
Quizá haya algo detrás de esa necesidad de anticipar, prever y analizar cada posibilidad que todavía no has podido ver con claridad.
Y entender qué está ocurriendo dentro de ti puede ser el primer paso para dejar de vivir intentando controlar aquello que no puedes controlar.
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