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La confianza no desaparece tras una caída.

  • Foto del escritor: Nicole Moeller
    Nicole Moeller
  • 15 jul
  • 4 min de lectura

A veces solo queda tapada por el ruido del miedo.

Hay un momento después de una caída del que casi nadie habla.

No es cuando estás en el suelo.

No es cuando compruebas que, por suerte, todo ha quedado en un susto.

El momento realmente difícil llega después.

El día que vuelves a acercarte a tu caballo.

Coges la cabezada. Preparas la montura. Todo parece igual que antes.

Pero tú sabes que algo ha cambiado.

Sin haber puesto aún un pie en el estribo, tu cuerpo ya está en alerta. La respiración se acelera. Las manos se tensan. Y tu mente empieza a imaginar todo lo que podría salir mal.

Entonces aparece una pregunta que muchas amazonas y jinetes se hacen en silencio:

"¿Qué me pasa?"

Y casi siempre llega acompañada de otra:

"¿Por qué ya no soy como antes?"

Si te reconoces en estas palabras, quiero que sepas algo.

No hay nada malo en ti.

Y tampoco has perdido la confianza.


Una respuesta de protección

Nuestro cerebro tiene una misión muy clara: mantenernos a salvo.

Cuando vivimos una experiencia que interpreta como peligrosa, aprende de ella. Y la próxima vez que detecta algo parecido, intenta adelantarse para evitar que vuelva a ocurrir.

Por eso, después de una caída, es normal que el cuerpo reaccione antes incluso de que tengamos tiempo para pensar.

La tensión aparece.

La respiración cambia.

La atención se dirige automáticamente hacia cualquier posible señal de peligro.

No es debilidad.

No significa que hayas dejado de saber montar.

Tu cuerpo no está intentando impedirte disfrutar de tu caballo.

Está intentando protegerte.


Cuando la protección se convierte en una prisión

El verdadero sufrimiento suele comenzar cuando interpretamos esa respuesta como una señal de incapacidad.

Empezamos a pensar que hemos perdido la confianza.

Que ya no somos los de antes.

Que quizá nunca volveremos a disfrutar igual.

Y, sin darnos cuenta, toda nuestra atención se dirige hacia lo que podría salir mal.

Analizamos cada reacción del caballo.

Anticipamos situaciones que todavía no han ocurrido.

Nos exigimos sentirnos seguros antes de volver a disfrutar.

Y es ahí donde el miedo empieza a ocupar cada vez más espacio.

Porque aquello a lo que prestamos atención una y otra vez acaba pareciendo toda nuestra realidad.

El problema no es sentir miedo.

El problema es creer que ese miedo está describiendo la realidad de este momento.


Recuperar la confianza no consiste en dejar de sentir miedo

Muchas personas creen que para volver a disfrutar de la equitación primero tienen que eliminar el miedo.

Pero la experiencia suele mostrarnos algo muy diferente.

La confianza no vuelve cuando dejamos de sentir miedo.

La confianza vuelve cuando dejamos de interpretar ese miedo como una señal de que no somos capaces.

Cuando dejamos de pelearnos con nosotros mismos.

Cuando comprendemos que podemos sentir miedo y, aun así, seguir avanzando poco a poco.

Porque la valentía no consiste en no sentir miedo.

Consiste en no dejar que sea el miedo quien decida por nosotros.


Tres pinceladas para volver a escucharte


  1. No luches contra el miedo

    La próxima vez que aparezca, en lugar de preguntarte: "¿Cómo hago para dejar de sentir esto?"

    Prueba con una pregunta diferente: "¿Qué está intentando proteger en mí este miedo?"

    Solo ese cambio de mirada suele reducir enormemente la tensión.


  2. Vuelve al momento presente

    El miedo suele llevarnos hacia el futuro.

    Hacia lo que podría pasar.

    Mientras tanto, tu caballo sigue ahí.

    Respirando.

    Esperándote.

    A veces basta con volver a sentir el contacto de tus manos, escuchar su respiración o notar tus pies en el suelo para recordar que estás aquí, no en aquella caída.


  3. Deja espacio para que la confianza vuelva

    La confianza no se puede forzar.

    No aparece porque nos exijamos sentirnos de una determinada manera.

    Muchas veces reaparece cuando dejamos de pedirnos tanto.

    Cuando nos damos permiso para avanzar a nuestro ritmo.

    Cuando dejamos de medirnos por cómo nos sentimos hoy.


La confianza nunca se fue

Después de una caída es fácil pensar que has perdido algo que antes tenías.

Yo no lo veo así.

Creo que la confianza sigue ahí.

Lo único que ocurre es que, durante un tiempo, el ruido del miedo no te deja escucharla.

Y cuando empiezas a comprender que el miedo no está intentando frenarte, sino protegerte, algo cambia.

No porque el miedo desaparezca.

Sino porque deja de ocupar todo el espacio.

Al final, no se trata de subirte sin miedo.

Se trata de descubrir que puedes volver a confiar en ti, incluso antes de que el miedo se haya marchado.

Porque la confianza no desaparece tras una caída.

A veces solo queda tapada por el ruido del miedo.


¿Sientes que el miedo está ocupando demasiado espacio en tu relación con la equitación?

Si te has reconocido en estas palabras, quiero que sepas que no tienes que recorrer este camino en solitario.

A veces, comprender lo que nos está ocurriendo cambia por completo la manera en que vivimos nuestras experiencias.

Si quieres recuperar la tranquilidad y volver a disfrutar de tu caballo desde un lugar más sereno, estaré encantada de acompañarte.

Te invito a una Sesión Inicial de Orientación Online Gratuita para que podamos hablar con calma y descubrir juntos qué está sosteniendo hoy ese miedo.



Mano de mujer acariciando un caballo

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