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Miedo a hablar en público

  • nmoellercoach
  • 24 oct
  • 1 Min. de lectura

Hablar en público activa algo muy básico: la necesidad de protección.

El cuerpo reacciona antes de que nos demos cuenta.

La respiración se acorta, las manos se enfrían, la mente se llena de ruido.


Pero el miedo no siempre aparece porque haya peligro.

A veces surge porque interpretamos la situación como si lo hubiera.

El cerebro construye esa emoción a partir de sensaciones físicas, recuerdos y contexto.

Y ahí está la clave: si lo construimos, también podemos reconstruirlo.


No se trata de eliminar el miedo, sino de enseñarle una nueva historia.

Una en la que la exposición no es amenaza, sino oportunidad.

Una en la que el temblor no es un fallo, sino energía disponible.


El miedo no se va. Cambia de papel.

Deja de ser obstáculo y pasa a ser una señal que orienta:

nos recuerda que lo que está en juego importa,

que el mensaje tiene peso,

que queremos hacerlo bien.


Hablar con miedo no es un problema.

El verdadero reto es hablar con miedo y aun así conectar.


Y cuando eso ocurre, el miedo deja de estorbar.

Se vuelve presencia.

Si te reconoces en esta experiencia, quizá sea el momento de mirar al miedo con otros ojos.

No para vencerlo, sino para entender lo que intenta decir.


ree

 
 
 

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