Culpa
- nmoellercoach
- 24 feb
- 1 Min. de lectura
A veces, lo peor no es lo que comes.
Es cómo te hablas después.
Comes algo que no habías planeado.
No es una gran cantidad, ni nada “grave”.
Pero en cuanto terminas, algo se activa.
Culpa.
Reproches.
Promesas de hacerlo mejor mañana.
Muchas personas creen que el problema es lo que han comido.
Pero el verdadero desgaste está en ese diálogo interno constante, duro, exigente, que no da tregua.
Ese “otra vez”,
ese “no tengo remedio”,
ese “mañana empiezo en serio”.
La culpa no mejora la relación con la comida.
Solo la tensa más.
Cuando el foco deja de estar en castigarte y pasa a estar en entender qué necesitas, algo empieza a cambiar.
No porque comas “perfecto”, sino porque dejas de luchar contigo misma.
Si al leer esto has pensado “me pasa todo el tiempo”, ofrezco una Sesión Inicial de Orientación gratuita y online para hablarlo con calma y ver si este acompañamiento puede ayudarte.




Comentarios